miércoles, 30 de mayo de 2012

Simón, el Negro.



Ya sale Simón Barreto
Adentrándose en la niebla,
Va buscando el sol naciente
De la mano de sus riendas.


Los cascos de su caballo
Tamborilean la tierra,
Estribo, freno y barbada,
Completan la fina orquesta.


Y canta su pensamiento
Una melodía quieta,
Que sólo él cantarla sabe
en sus mañanas camperas.


Sus dedos de cuero crudo
Más rudos que una manea
Son más duchos que una araña
Tejiendo armados que humean.


Y en el humo del cigarro
Como moscas las ideas
Se le quedan atrapadas
En la paz del que contempla.


Silencio de la alborada,
Bautismo de luz primera,
Soledad en el recado
Acicateada de espuelas.


Se le mete por los poros
el campo que lo rodea,
lleva más sabiduría
que los tilingos de escuela.


Conoce cada rincón
De su mundo y las esencias
De las cosas cotidianas
Y sus causas verdaderas.


El grito de una lechuza
Le anuncia sin que la vea,
El misterio de la vida
Que a los eruditos ciega.


Privilegio del sencillo,
De la humildad y prudencia
De saberse bien pequeño
Ante tamaña grandeza.


Sabe del gozo y dolor,
De la dicha que recrea
El alma y la maldición
De traiciones y promesas.


Reconoce la justicia
De los hombres y las bestias,
Del hombre también conoce,
Su virtud y su miseria.

Sabe que la autoridad
Es necesaria aunque duela,
que el mandar y obedecer,
es la ley y la pobreza
no va por la cantidad
sino por el bien que anhela.

Es más suyo que de nadie
El campo con sus riquezas,
El patrón cuenta el dinero
Y el conoce sus bellezas,
Sus secretos y matices,
Cosas que el patrón no cuenta.

Por eso es que del amor,
No hay otro que como él sepa,
Lleva metido en el pecho
Un saber de horas muy lerdas.


No lo asustan las distancias
Ni las mide al recorrerlas,
Cada poste en el camino
Algo al oído revela.


Cada tiro con su lazo,
Cada novillo que vuelca,
Cada parto, cada brete,
Lo santifica y eleva.


Es pobre y sabio, Simón,
Aunque a sí mismo lo niega,
Lo ve el hijo del patrón
Cuando en el patio lo espera
viéndolo llegar cansado
Al calor de la matera.

Las botas por alpargatas
con gran ceremonia trueca,
lava sus manos, su cara,
saca el banco de madera
y comienza la liturgia
de bombilla, mate y yerba.


Y le hace de monaguillo
El chiquilín que a su vera
Mira y guarda lo que ve
Madurando entendederas.


Queda un manojo de luz,
que pronto serán estrellas,
Y en lo profundo del negro
De sus ojos se refleja
Una evocación nostálgica
De sus hijos que lo esperan.

Habla poco y dice mucho
Y el niño que le conversa
Lo escucha más con los ojos,
Hay lenguajes que no suenan.

Sufre sin alzar la vista
Sin tomar a poca pena
Un comentario mordaz
De insidiosa lengua ajena
De algún gringo desdichado
Que no ha visto lo que el viera
De tanto vivir pegado
Al suelo su vida entera.

Lo sobresalta el bufido
De su aliada pava negra
Y le vierte por el borde
Del mate un agua que pela.
Amarga la cebadura
De algún modo le calienta
Por dentro reconfortando
El dolor de la existencia.

Ya en un rato sacará
De abajo de la catrera
Un vino medicinal
De esos que al tomarlos vuelan
en sueños de eternidades
que oscuros abismos llenan.


Y sus huesos doloridos
Reposarán a la vela
De un destino trascendente
Para el tiempo de las eras.


Es pobre y simple Simón,
No es más que un grano de arena.
Un día todos verán
Su estatura gigantesca.






























martes, 22 de mayo de 2012

Poema de Otoño

No me nace la poesía en este otoño
Las palabras no pueden pintar el gris
De la niebla, la llovizna y los demonios
Que andan prestos aguardando mi desliz.

Sepultado en hojarasca mi terruño,
Va cambiando de mi roble su cariz,
me amenaza con sus brazos y sus puños
cuando otrora era la sombra más feliz.

Una luz fatigada en la penumbra
Se embadurna en melancólico barniz,
Derramándose en el alma, apesadumbra
y depila de los tilos la cerviz.

Se oye el grito predador de un aguilucho
Que ha tomado mi ciprés por su país
Y allí reina pero no lo quieren mucho
Los que abajo se estremecen en un tris.

Ya la noche tiende su manto de plomo
Y a mi ginkgo le gotea la nariz,
Sollozando sin saber el cuándo y cómo
Ha perdido de sus hojas la matriz.

lunes, 21 de mayo de 2012

Vanidades

Si todo es vanidad de vanidades,
Si en vano funge el hombre bajo el sol.
Si todo ha de pasar y las edades
Que aun faltan por llegar hoy ya no son.

Si es sombra la vida y oquedades
Los dichos de los sabios de este eón.
Si el hambre no conoce saciedades,
Si hay cosas que no ha visto Salomón.

¿Quién ha saltado el salto de la nada?
¿Quién se fundió en la nada para ser?
¿Quien escribió el primer cuento con hadas?

¿A quién le ha sido dado el conocer?
¿Quién no siente sus manos congeladas?
¿Quién no cobija miedo a perecer?