sábado, 15 de febrero de 2014

One thought on “Let me live with you as I lived with John”

Taducción tripartita. Original en inglés tomado de In Sinu Iesu, The Journal of a Priest.




Yo soy tu Madre.
La Madre que te fue dada por mi hijo Jesús, desde la Cruz,
En la hora solemne de su Sacrificio.
Y tú eres mi hijo, entrañable a mi Doloroso e Inmaculado Corazón.
Mi hijo amado, y por siempre bajo el manto de mi protección.

Déjame vivir contigo como he vivido con Juan,
El Delfín de mi Corazón,
Modelo perpetuo para todos mis hijos sacerdotes.
Háblame con simpleza
Y con completa confianza en la compasión de mi Corazón maternal
Y en el poder concedido a mi intercesión de Madre.

Nada hay que no puedas traer ante mí,
Nada que no puedas presentarme,
Nada que no puedas ofrecerme, aun tus mismos pecados.
Todo cuanto me es dado por mis hijos se funde en mi Corazón;
Todo lo que es impuro, cada vestigio de pecado
Es consumido en la llama de amor que arde en mi Corazón inmaculado,
En el fuego de amor que es en mí el Espíritu Santo.
El mismísimo fuego de la Divinidad.
Preséntame, pues, todo lo que ofrecerías a mi Hijo y a su Padre.
Será purificado como el oro en el crisol.
Pues yo lo haré pasar por mi Corazón.
Nada impuro puede resistir la llama de amor que arde en mi Corazón.
Sólo el amor subsiste.

Entrégame tus debilidades, tus pecados pasados, tus faltas diarias,
Y yo presentaré a mi Hijo solamente el amor con el cual,
A pesar de todas tus debilidades,
Tú deseas vivir en Él, y con Él, amar al Padre.

Yo soy tu Madre.
Soy la Madre a quien no necesitas ocultarle nada.
Incluso aquellas cosas que piensas que están escondidas
Aparecen con claridad ante mí a la pura luz de la Divinidad.
Cuando veo a un hijo mío sacerdote desfigurado o corrompido por el pecado,
Me conmuevo, no para juzgarlo, sino para mostrarle misericordia
Y para emplear todos los medios a mi disposición
Para recuperarlo por entero de todo vestigio de pecado.
Cuántos de aquellos que se debaten contra los inveterados hábitos del pecado y los vicios perniciosos
Se verían rápidamente librados de ellos
Solamente si se acercaran a mí con confianza filial
Y me dejaran hacer por ellos
Lo que me mueve a hacer mi materno corazón de misericordia.

No hay límites para mi poder de intercesión
Porque así lo ha dispuesto por el Padre.
Nadie puede extraviarse volviéndose a mí.
No importa cuán complejo sea el problema,
No importa cuán sórdido el pecado.
Yo soy la Servidora de la Divina Misericordia.
Refugio de los pecadores
Y la Madre de todos los que luchan contra las fuerzas de las tinieblas .
Ven a mí, no tardes.
Puedo incluso decirte aquellas palabras consoladoras de mi amado Hijo:

“Venid a Mí, y Yo os daré descanso”.

No es suficiente la observancia de ciertas prácticas en mi honor en el transcurso del día.
Deseo más que eso, y tú estás llamado a más.
Estás llamado a replicar la vida de San Juan junto a mí en el Cenáculo y en Éfeso.
Si sólo conocieras los lazos de amor por Jesús
Y de obediencia al Padre
Y del júbilo en el Espíritu Santo
Que unían el alma de Juan a la mía.
Éramos el núcleo de una familia espiritual
Que ha crecido prodigiosamente a través de los tiempos.
La familia de aquellos que, como Juan,
Vivieron conmigo, aprendieron y se dejaron amar por mí
De tal manera que el amor de mi Jesús ardía en sus corazones como un gran fuego.
El fuego que mi Hijo vino a esparcir sobre la tierra.

(From In Sinu Iesu, The Journal of a Priest)