martes, 7 de julio de 2015

Olivar

Ojos vencidos, triste hasta la muerte,
Un olivar entre tiniebla y luna,
Un riego de sudor baja y se vierte,
Aceite de moradas aceitunas.

Una culpa sin parte que se aduna
A un dolor sin palabras que lo acierten,
Diablos que muerden, Ángeles que acunan,
Y un León malherido, casi inerte.

De un amigo, traición, de otros la fuga,
Los de ayer y de hoy, los de mañana,
Lo que sepa durar el kali yuga.

Un desierto en el alma y una insana
Oquedad en el pecho que subyuga
Con la muerte y su beso, tan ufana.

Soneto

Este invierno otoñal que se ha quedado
En hojas verdes, rojas y amarillas,
Un tinte veraniego por los prados
Y un sol primaveral que no nos brilla.

Este infierno otoñal que yace helado
Coloreando de muerte las semillas,
Sembrador ¿Qué será de lo sembrado?
¿Qué será, si no hay grano, de la trilla?

Retiró sus heraldos el verano,
Ya no brotan a tiempo las higueras,
Alza el hombre su vista, mas en vano,

Se engaña en una falsa primavera,
Con flores que se pudren en las manos
Y un ciego corazón que nada espera.